Los intelectuales de hoy.

septiembre 30, 2008

Hay muy pocas cosas más grimosas que esos grupos de modernitos que, sintiéndose hermanados, comienzan esas conversaciones de grupo en las que sonoramente (o no, la forma da lo mismo) claman detestar el Guggenheim, a Savater y a Calatrava, por ejemplo, y adorar a, pongamos, Camela, porque es mucho más auténtico, o es graciosísimo.

Francamente, a estas alturas casi prefiero tomarme una cerveza con un fan de Mecano.

Casi, he dicho.

Sobre el Derecho y lo moral.

septiembre 29, 2008

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Constitucional/inconstitucional/todo/elpepuopi/20080929elpepiopi_4/Tes

Spies.

septiembre 27, 2008

In London, the latest iniciative of the local councils is to recruit children aged eight to fourteen who will spy on their neighbours in order to “make a cleaner, greener and safer London”.

The euphemistic title that these infants receive is “enviroment volunteers”, but their real tasks are way beyond what this innocent denomination might suggest. Their job is, going straight to the point, to snoop on the “potentially criminal behaviour of their neighbours” (the quote is mine), and to get in touch with the authorities to report it. To carry out this honourable mission, the little James Bonds can use photographic or video cameras, or simply choose to denounce “via telephone or email direct to the council”.

The targets are neighbours who are found guilty of dog fouling, littering or painting graffitis, among other things, and the most worrying outcome of all is that the child who manages to provide evidence of these infractions will receive a reward that can go up to £500.

The fact that this society is pathologically obsessed with security is already worrying enough, but to transfer this fear to our kids is much worse- and if on top of that you offer them money, we will not only be encouraging the abominable act of looking into people´s private lives with the only intention of denouncing them, but also an even more (if possible at this stage of things) materialistic approach to life, where you can actually obtain a very decent salary out of it.

Long gone are the days when people encouraged their kids not to squeal on their classmates; in our days, the case will probably be that parents find it´s a nice and easy career for their kids to be the newborn members of the Stasi of the 21st Century.

Nada que añadir.

septiembre 17, 2008

Tribalidades.

septiembre 17, 2008

http://www.elpais.com/articulo/opinion/furor/intransigente/clerigos/elpepiopi/20080916elpepiopi_5/Tes

Los niños.

septiembre 13, 2008

Eso de “me encantan los niños” ya no vale porque los de hoy son de una especie muy diferente a los de antes. En su mayoría, los padres van con sus niños a donde sea y les dejan campar a sus anchas, en propiedad y con propiedad ajena. Métanse en cualquier tienda, y los verán correteando, abriendo armarios y cajones a su antojo, vaciando su contenido por el suelo sin que los padres les recriminen absolutamente nada.

Si tienen la mala suerte de coincidir en una sala de cine con algún menor, lo más probable es que tengan que irse y dejar la película para otro día, a no ser que no les importe visionarla mientras alguien corretea de arriba a abajo por el pasillo central de la sala.

Si quieren disfrutar de una comida en un restaurante, tengan buen cuidado de que no haya niños ese día, o lo que en circunstancias normales sería un agradable almuerzo se convertirá en una pesadilla adornada de gritos y presecuciones alrededor de las mesas. Golpearán varias veces el respaldo de su silla, pero en un acto de suma contemporaneidad tendrán que forzar una media sonrisa y decir, comprensivamente: “Así son los niños”, mientras deglute otro trozo de pescado aderezado con bilis.

Cuidado con recriminar: todos los padres se creen magníficos educadores y no consienten ni las más mínima opinión al respecto de lo que hacen sus hijos. Comer al lado de un chiquillo que lo hace con la boca abierta tiene por fuerza que convertirse en un ejercicio de infinita paciencia, a riesgo de reprenderlo y sufrir en carne propia la reprimenda de los padres, que en una carambola a la moderna pasa de largo por el niño para dirigirse a Usted.

Pura modernidad.

Esoterismos.

septiembre 13, 2008

De todas las cosas que pueden de un plumazo borrar el interés que me pueda provocar una persona, una de las más significativas es la creencia en signos del zodíaco, tarot, videntes, y demás formas de esoterismo. Vengo observando desde hace tiempo cómo incluso personas con educación afirman sin tapujos creer en estas estupideces (sí, es-tu-pi-de-ces, no tengo ni las más mínima intención de ser políticamente correcta ni en mi blog ni en ningún otro ámbito de mi vida).

Que a estas alturas de la civilización haya tal ola de superstición es un ataque frontal no sólo a la inteligencia, si no a siglos de evolución y de pensamiento. Es una patada a todos los pensadores, filósofos e intelectuales que han contribuído a que en este mundo haya una cultura vastísima a todos los niveles, y es dolorosísimo que con todo esto a nuestra disposición, tanta gente elija desperidiciar su tiempo en aprender acerca de estas otras disciplinas.

Pero esta cultura del “respeto” de la que hablaba en otra ocasión provoca un curioso fenómeno, y es que como hoy todo es muy respetable, el disentir frontalmente de estas cosas te convierte en el disidente de forma automática, en lugar de ser al contrario, que el creer en semejantes patrañas sea la excepción. Ha habido, por tanto, un cambio de papeles.

Todo esto me hace acordarme de una escena de Maridos y mujeres, de Woody Allen: el personaje que interpreta Sidney Pollack está casado con una mujer competente y culta, pero él está ya hastiado de la pareja y se enrolla con una monitora de aerobic que es lo opuesto a su mujer. En pleno encaprichamiento, la lleva con él a una fiesta en donde están sus amigos de toda la vida. En un momento dado se la encuentra soltando un rollo sobre los astros. La gente que la rodea, de una clase intelectual evidentemente muy superior, la escucha asombrada. Una de ellas dice algo como: “Deberías conocer a mi asistenta, tiene ideas muy parecidas a las tuyas”. Sydney Pollack se da cuenta de lo que está pasando y la arrastra hasta la calle indignado, avergonzado, dandose cuenta en ese momento de su error, claro.

No creo que esta escena pudiera desarrollarse hoy en día en una situación real. Tiene todos los elementos para ser repudiada por la sociedad pusilánime y falsamente “tolerante” que hemos creado: alude a que el nivel cultural está ligado a la extracción social (¿pasaría la censura la línea de diálogo en la que se habla de la asistenta?), y falta al “respeto” de una persona por oponerse de manera frontal a sus creencias. Menudo atrevimiento.

La falsa empatía.

septiembre 13, 2008

Observo desde hace tiempo un fenómeno que me llena de preocupación y de pesimismo ante el futuro. Lo voy a llamar la “falsa empatía”, y es falsa porque en realidad es pura y dura hipocresía en su manifestación más común, más extendida.

Cuando alguien le cuenta una historia a otra persona, escucho con atención para ver si se da algún momento de intercambio real de opiniones a lo largo de la conversación, pero lo que ocurre en la mayor parte de los casos es que el receptor asiente y sonríe, no necesariamente ignorante de lo que se le cuenta, sino con un desinterés absoluto en mostrar desacuerdo o enfrentarse a las opiniones de su interlocutor. ¿Es vagancia, cobardía, inseguridad? Probablemente de todo un poco.

Contaba una compañera de trabajo a su vuelta de unas vacaciones en Grecia con su marido y su hija que habían disfrutado mucho del entorno, del sol, y de la comida, “que a mi marido y a mí nos encanta, pero la pobre niña se pasó la semana entera comiendo papas fritas”. “¿Y tú le consientes eso?”, pregunté yo, alarmada (pero en modo alguno sorprendida, dado el estado de las cosas). Al momento se creó un silencio tenso, “¿Cómo se le ocurre opinar sobre la educación que le da a su hija?”, pensarían el resto de los oyentes. Pues sí, opino, y no sólo opino sino que además espero un intercambio de pareceres.

Opinar es uno de los actos más denostados entre los miembros de nuestra moderna sociedad, que de tanto mirarse al ombligo no consienten que se les contradiga ni en lo más mínimo. En el asunto de las patatas fritas y la educación de las nuevas generaciones no me voy a meter ahora porque alargaría esto en exceso y porque da para otro capítulo completo. Me interesa más centrarme en este problema que nos asola y que va a peor, y que en mi opinión (¡uuuy, estoy dando una OPINIÓN!) parte de esa moda tan extendida del “respeto”, muy en boga entre los modernitos al uso. ¡Pobre término, éste respeto, que de tanto usarse mal ya no se sabe lo que significa! “Yo respeto todas las opiniones” es de las frases que me producen una urticaria intelectual/moral inmediata, y que tengo el placer de oir ademasiado a menudo. Es por lo común una aseveración falsa, pero sobre todo peligrosa por lo que implica, que es un vacío de criterio desolador (y asolador), y una pobreza bestial en las conversaciones. El producto, en fin, de la sociedad que hemos creado.

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