Fate.
Noviembre 20, 2008
I went to New York last Spring. One morning I was having breakfast, and at the table next to me there were two forty-something year old women with their respective kids, a guy and a girl of around twenty years old, who were a couple. They were all from somewhere else in America and were spending the weekend in New York together.
The guy was complaining about his “husky voice”, which apparently had turned that way after an illness. His girlfriend´s mother leaned over to him in a very warm kind of way, and said something like: “Look, you know what? You should be really proud of your voice, no matter how it is! EVERYTHING has a reason! I swear to God, everything that has happened to me in my life was for a reason.” I was petrified listening to this very classic, cheap form of superstition (not that the expensive ones are any better, but anyway), but everyone around the table received the comment with satisfaction and agreed to it, this leading to an even longer conversation on the topic (I´d rather not dwell on the details, to be honest).
I hear this all the time. This notion is installed in people´s minds as a sort of comforting, unavoidable certitude, which seems to justify everything that goes on in their lives. It´s a new form of religious belief even if it doesn´t preach to any God, but there surely must be someone moving the strings and deciding their fate regardless of their individual actions (except if the result of the actions is success, which will then be, with no doubt, solely ascribed to their merits).
I have heard this statement coming from intelligent people, even, who seem to swallow the ill-fated notion without question. “Well, if they didn´t give me the job it´s because it wasn´t meant to be”, “What has to happen will surely happen”, or “All this suffering must be for something, the karma will balance” is the new creed of the New Religion, which happily muddles up with all the other signs I have mentioned before (among which tarot, hand-reading, etc), and locates us as parishioners with no excercise of will, who really just have to sit down and watch their life happen. Because why take any action if our fate is pre-decided anyway?
Ortografía.
Noviembre 17, 2008
Nuestros universitarios escriben fatal. Es lo que concluyó un estudio que se hizo en España hace como un mes, pero no es un mal endémico sino un cáncer universal. Ahondar en algunas de las causas tiene como resultado inevitable el sonar a topiquero (como casi siempre que uno habla sobre cosas “importantes”, por otro lado, qué desgracia), así que es mejor limitarse a copiar unos cuantos ejemplos de mensajes de móviles de los que circulan habitualmente por ahí para quedarse espantado: “Mos kdd a ls 3″, “K acs?”, “Wenas cm tas?” o “Anoxe no xp yovia”, significan respectivamente “Hemos quedado a las tres”, “¿Qué haces?”, “Buenas, ¿cómo estás?” y “Anoche no, porque llovía” (siendo por cierto éste último una extraña síntesis involuntaria de gallego y lenguaje movilero muy curiosa, pero aún así repugnante).
Bueno, yo soy muy radical, y si alguno de mis allegados me envía un mensaje en este plan le pediría que me lo volviera a enviar escrito como es debido, pero me consta que es una causa más que perdida. Una de tantas.
Todavía hay optimistas impenitentes, como Vicente Verdú, que claman que no debería verse esto como un problema, sino como un ejercicio de creatividad añadida al escribir habitual, en otro soporte, que sería sin duda más correcto. Y que además este “nuevo lenguaje” fomenta la capacidad de síntesis. Chorradas: lo que fomenta todo esto es la pobreza ortográfica y de expresión, que muy lejos de no afectar a otros campos, aparece trasladada directamente a todos ellos.
Una de las conclusiones del estudio -qué sorpresa- es que la mayoría de los universitarios no pasaría el examen de ingreso al Bachillerato que se hacía hace treinta años en España. Si mal no recuerdo, estos alumnos tenían entonces doce (?) años.
No se trata solamente de un problema ortográfico, es también (y sobre todo, quizás) de expresión. La incapacidad para plasmar un pensamiento medianamente complejo por escrito es un problemón tremendo, sobre todo cuando a una le toca ir a una oficina a diario y lidiar con correos electrónicos. Como muy bien me decía una amiga el otro día, “qué grima da tener jefes más analfabetos que uno mismo”. Efectivamente, qué grima.
Otra cuestión grimosa de las que atañen al lenguaje es la de las muletillas, que se instalan de pronto en las conversaciones como si tuvieran que estar ahí, y es algo verdaderamente insoportable. Recuerdo una especialmente hiriente (iba a escribir llamativa, pero se me quedaba corto el adjetivo) que se puso de moda hace unos años y que era imposible no oir en cada conversación, que era lo que es. “Sigue por el pasillo y gira lo que es a la derecha”, o “He pintado de naranja lo que es el techo”. Yo escuchaba esto anonadada, pero el ejemplo más clamoroso lo encontré una mañana en que fui a renovarme la tarjeta sanitaria de la Seguridad Social, y le dije a la chica que estaba en recepción que me sorprendía el cambio de diseño porque las anteriores eran mejores. “Sí”, contestó ella, “y además éstas las tocas y se te quedan las manos lo que es azul”.
Impresionante, ¿no? Pues así vamos: lo que es muy mal.
Apolíticos.
Noviembre 5, 2008
Llego a mi trabajo la mañana después de que Barack Obama haya sido elegido presidente de los EEUU, y no surge ni el más mínimo comentario al respecto entre mis compañeros. No puedo achacarlo a la general pasividad de los ingleses en lo que a política respecta, porque a la mesa se sientan dos españoles (entre los que me cuento), una venezolana, dos británicos, un indio, una polaca, una irlandesa, una australiana, una checa y una sudafricana. A lo largo de la intensísima y eterna campaña, no ha surgido la conversación ni una sola vez, para mi asombro y consecuente decepción. Ni durante los ratos muertos, ni en las comidas compartidas. Nunca.
Sí, me deprimen los apolíticos. El pasar de la política (no el desdeñarla por escepticismo o hartazgo), es necesariamente sinónimo de ignorancia y ombligismo porque demuestra un total desprecio por lo que pasa en el mundo a muy distintos niveles. Entre los modernitos (término que debería definir en algún momento pero en el que ahora mismo me da pereza entrar por constituir una digresión excesiva) está de moda desde hace mucho el relativismo, que no es tan nefasto pero tiene al fin los mismos efectos sobre la praxis, aunque al menos no es desinformado.
Es tremendamente manido, por supuesto, decir que hemos asistido a un momento histórico. Sin duda esta frase la repetirán en cientos de idiomas miles de personas hoy, pero eso no le quita al momento su tremenda relevancia, y yo me alegro mucho de alegrarme de haberlo visto, a pesar de los detractores.
Obama, claro.
Noviembre 4, 2008
…sólo unas pocas horas para asistir, quizás, al fascinante evento en el que los estadounidenses verán ascender a su Olimpo al hombre negro de árabe nombre.
