Apolíticos.
noviembre 5, 2008
Llego a mi trabajo la mañana después de que Barack Obama haya sido elegido presidente de los EEUU, y no surge ni el más mínimo comentario al respecto entre mis compañeros. No puedo achacarlo a la general pasividad de los ingleses en lo que a política respecta, porque a la mesa se sientan dos españoles (entre los que me cuento), una venezolana, dos británicos, un indio, una polaca, una irlandesa, una australiana, una checa y una sudafricana. A lo largo de la intensísima y eterna campaña, no ha surgido la conversación ni una sola vez, para mi asombro y consecuente decepción. Ni durante los ratos muertos, ni en las comidas compartidas. Nunca.
Sí, me deprimen los apolíticos. El pasar de la política (no el desdeñarla por escepticismo o hartazgo), es necesariamente sinónimo de ignorancia y ombligismo porque demuestra un total desprecio por lo que pasa en el mundo a muy distintos niveles. Entre los modernitos (término que debería definir en algún momento pero en el que ahora mismo me da pereza entrar por constituir una digresión excesiva) está de moda desde hace mucho el relativismo, que no es tan nefasto pero tiene al fin los mismos efectos sobre la praxis, aunque al menos no es desinformado.
Es tremendamente manido, por supuesto, decir que hemos asistido a un momento histórico. Sin duda esta frase la repetirán en cientos de idiomas miles de personas hoy, pero eso no le quita al momento su tremenda relevancia, y yo me alegro mucho de alegrarme de haberlo visto, a pesar de los detractores.
octubre 6, 2010 a las 9:51 am
Y yo estuve allí…
:)