Ortografía.
noviembre 17, 2008
Nuestros universitarios escriben fatal. Es lo que concluyó un estudio que se hizo en España hace como un mes, pero no es un mal endémico sino un cáncer universal. Ahondar en algunas de las causas tiene como resultado inevitable el sonar a topiquero (como casi siempre que uno habla sobre cosas “importantes”, por otro lado, qué desgracia), así que es mejor limitarse a copiar unos cuantos ejemplos de mensajes de móviles de los que circulan habitualmente por ahí para quedarse espantado: “Mos kdd a ls 3″, “K acs?”, “Wenas cm tas?” o “Anoxe no xp yovia”, significan respectivamente “Hemos quedado a las tres”, “¿Qué haces?”, “Buenas, ¿cómo estás?” y “Anoche no, porque llovía” (siendo por cierto éste último una extraña síntesis involuntaria de gallego y lenguaje movilero muy curiosa, pero aún así repugnante).
Bueno, yo soy muy radical, y si alguno de mis allegados me envía un mensaje en este plan le pediría que me lo volviera a enviar escrito como es debido, pero me consta que es una causa más que perdida. Una de tantas.
Todavía hay optimistas impenitentes, como Vicente Verdú, que claman que no debería verse esto como un problema, sino como un ejercicio de creatividad añadida al escribir habitual, en otro soporte, que sería sin duda más correcto. Y que además este “nuevo lenguaje” fomenta la capacidad de síntesis. Chorradas: lo que fomenta todo esto es la pobreza ortográfica y de expresión, que muy lejos de no afectar a otros campos, aparece trasladada directamente a todos ellos.
Una de las conclusiones del estudio -qué sorpresa- es que la mayoría de los universitarios no pasaría el examen de ingreso al Bachillerato que se hacía hace treinta años en España. Si mal no recuerdo, estos alumnos tenían entonces doce (?) años.
No se trata solamente de un problema ortográfico, es también (y sobre todo, quizás) de expresión. La incapacidad para plasmar un pensamiento medianamente complejo por escrito es un problemón tremendo, sobre todo cuando a una le toca ir a una oficina a diario y lidiar con correos electrónicos. Como muy bien me decía una amiga el otro día, “qué grima da tener jefes más analfabetos que uno mismo”. Efectivamente, qué grima.
Otra cuestión grimosa de las que atañen al lenguaje es la de las muletillas, que se instalan de pronto en las conversaciones como si tuvieran que estar ahí, y es algo verdaderamente insoportable. Recuerdo una especialmente hiriente (iba a escribir llamativa, pero se me quedaba corto el adjetivo) que se puso de moda hace unos años y que era imposible no oir en cada conversación, que era lo que es. “Sigue por el pasillo y gira lo que es a la derecha”, o “He pintado de naranja lo que es el techo”. Yo escuchaba esto anonadada, pero el ejemplo más clamoroso lo encontré una mañana en que fui a renovarme la tarjeta sanitaria de la Seguridad Social, y le dije a la chica que estaba en recepción que me sorprendía el cambio de diseño porque las anteriores eran mejores. “Sí”, contestó ella, “y además éstas las tocas y se te quedan las manos lo que es azul”.
Impresionante, ¿no? Pues así vamos: lo que es muy mal.

noviembre 18, 2008 a las 10:19 am
Me alegro de que haya escrito este texto y lo aproveho para leérle un poco la cartilla. Hace dos entregas, en un escrito suyo sobre Obama, hablaba de un “evento fascinante”. “Evento” es otra de esas palabrejas, calcos del inglés, que empobrecen todo lo que tocan. Un beso.
noviembre 18, 2008 a las 12:59 pm
Pues tiene Usted razón, Leandro, pero es que yo tampoco soy inmune a estos horrores. Probablemente suelte tantas tonterías como la que más, a pesar de tener un blog que utilizo para mis desahogos.
noviembre 18, 2008 a las 4:49 pm
Espero no haberle parecido un listillo, un impertinente o algo peor. Si me he permitido darle un beso, ha sido, precisamente, para intentar no resultar ofensivo.
noviembre 19, 2008 a las 11:00 am
No me ha parecido ofensivo en absoluto, y he agradecido el beso.
Me parece muy acertado su comentario, e incluso me dieron ganas de cambiar “evento” por “acontecimiento”, pero me pareció artificial hacerlo a estas alturas.
noviembre 19, 2008 a las 3:42 pm
Bueno, me interesa muchísimo el tema, y precisamente me acababa de poner a escribir un post sobre el tema. Para mi gusto lo muy muy preocupante es que no se sepa conjugar, porque eso sí que deja asomar una empanada mental de tipo “hombre anumérico”, y es muy difícil. De solucionar. He tenido varias veces discusiones sobre el tema, y recuerdo una en que mis interlocutores no entendían que el problema no es que se use el verbo “molar”, sino que a “gustar” se le prive del subjuntivo, etcétera.
noviembre 19, 2008 a las 4:08 pm
Bueno, y lo de “lo que es” es acojonante. A mí me dijo un tío una vez que había ido de viaje con “lo que era mi novia”, frase de la que se puede deducir no sé si que su novia era inorgánica, que el tío era un perezoso mental o qué.
noviembre 19, 2008 a las 5:17 pm
No sé si tiene algo que ver, pero me parecen costumbres invasivas, como los cangrejos americanos, que aunque sean comesitbles, acaban con los que ya existían.