… y volver a mi país no me reconcilia con él.
(De un viajero no: de una viajera).
Muy oportunos artículos en estos tiempos de confusión globalizadora, o globalizada confusión, y pensamiento borreguil.
David,
If you’re reading this, the second article should be the starting point of our next debate.
http://www.elpais.com/articulo/cultura/Lamento/Babel/elpepiopi/20090526elpepicul_7/Tes/
http://www.loudthinking.com/posts/15-potty-mouths
P.S: Please don´t miss the video: click on “fuck” on the second article, and watch it.
El músico físico.
Mayo 19, 2009

Vuelvo a Madrid para enterarme nada más ser recogida del aeropuerto de que se ha muerto Antonio Vega.
El que haya sido una muerte anunciada no merma el sentido de pérdida. Y me da casi rabia estar escribiendo sobre él, porque parece inevitable caer en todos los tópicos sobre su persona. Pero lo haré igualmente, intentando sortearlos.
Lo he escuchado mucho siempre, y lo escuché muchísimo durante mis viajes, porque me llevaba a una zona bien conocida donde me sentía reconfortada y segura. Me daba muchísima rabia que siempre que se hablaba de él se hablara de La Movida, como si no hubiera habido nada más en su existencia, o que la gente simplificara tantísimo y utilizara la palabra yonki para referirse a él, por mucho que lo fuera. No quiero casi ni hablar de sus canciones, que fueron buenas desde la época de Nacha Pop, mucho más ochentera y festiva que la que yo siempre preferí: la del Antonio en solitario, más hondo y más oscuro, y con sus permanentes alusiones a la ciencia en sus letras, que es el elemento que me parece más particular de su obra y creo que el que más me gusta.
La gente de mi generación lo conocía más bien poco, pero yo siempre he tenido querencia por grupos o cantantes muy anteriores a mí, y a Antonio llegué a través de mis tíos, que eran adolescentes cuando yo era un comino, y nos grabaron a mi hermana y a mí una cinta mítica en la que estaba Nacha Pop junto a grupos como Los Pistones o Rubi y los Casinos.
Parezco una vieja ya, con estas batallitas.
Me parece maravilloso poder seguir disfrutando de sus canciones. Qué más puedo decir.
Tokyo.
Mayo 17, 2009
No sé bien por dónde empezar. Tampoco sabía qué esperar de la ciudad, salvo un festival de placeres para el paladar, como efectivamente fue el caso. Lo más llamativo de haber acabado con Tokyo, creo, es que sin darme casi cuenta he hecho un viaje desde el subdesarrollo al desarrollo a través de cinco países distintos, y afortunadamente para mi bienestar mental, en ese sentido en lugar de en el contrario.

Desde un rascacielos./ From a skyscraper.
Lo primero que me llamó la atención fue la organización, el orden. En el metro, la gente hace varias colas a lo largo del andén, y respeta los turnos rigurosamente, siempre dejando que los pasajeros que llegan se bajen del vagón antes de entrar ellos. Hubiera sido gracioso hacer ostentación del esperado espíritu latino, y haberme colado para ver la reacción del personal, pero no osé.

Esperando turno./ Waiting for their turn.
Siempre tengo en la cabeza, por hartazgo, el nefasto ejemplo del metro de Londres, con sus precios absurdos, su falta de organización, sus constantes y desesperantes “fallos técnicos” -o fallos de lo que sea para justificar el vergonzoso servicio prestado-, su suciedad, y las permanentes excusas de los británicos para justificar toda esta injustificable amalgama, siendo una de las más utilizadas el que somos demasiados millones de personas en la ciudad como para poder lograr un transporte público eficiente y limpio. Rubish!, diré yo entonces, al más puro estilo inglés; que vayan estos señores al metro de Tokyo y lo vean: impecable, con baños en prácticamente todas las estaciones, siempre puntual, y por una fracción del precio del de Londres. Me gustó el diseño, también. No es ultramoderno, sino que más bien tiene elementos como de era post-industrial: rejillas de acero para las maletas, y tal, que lo hacen encantador.

En el metro./ In the tube.
Y siguiendo con los transportes, los taxis también son toda una experiencia. En una ciudad en la que todo está automatizado, la puerta (la del lado de la acera, siempre) se abre, y uno entra en un coche que, otra vez, parece sacado de otra época: siempre hay tapetes de encaje cubriendo los asientos, y los conductores llevan guantes blancos. Los coches están impolutos. Cuando a la vuelta, de nuevo en Bangkok, me subí en el taxi para ir al hotel, me pareció haber bajado mucho de nivel, y eso que Bangkok me pareció Zurich la primera vez que llegué a ella después de haber estado en La India y Birmania. Todo es relativo, ya sabemos.
Casi lo mejor son las tiendas. Adivino la reacción de algunos, y aunque no veo razón para la justificación, diré que en Tokyo como en ningún sitio antes he constatado que muchas tiendas son mejores que muchos museos, digan lo que digan los falsos progres y moralistas anti-sistema. La cuestión que siempre me perturba es que ésta sociedad nuestra parece reverenciar contenidos que en muchas ocasiones son pura bazofia por el mero hecho de estar enmarcados en un lugar que hemos aprendido a considerar casi sacro: los museos. Proliferan como champiñones en cualquier ciudad de provincias española, que exhibe orgullosa una muestra terrorífica de la horrenda artesanía local o del artista regional del momento. Algunas de las tiendas que he visto en Tokyo tienen más contenido que la Tate Modern. Hala, ahí queda eso. La planta baja de Iseban, sobre todo, exclusivamente dedicada a la comida, deja casi al Food Hall de Harrods a la altura del betún (tampoco es verdad, pero bueno; esto último lo digo enrrabietada para escandalizar un poco).
La comida es maravillosa, claro. De los soba al consabido sashimi, todo fue mejor en cuatro días que en los dos últimos meses, y el último día amanecí a las cinco para ir al mercado de pescados y ver las vociferantes pujas por los inmensos y extintos atunes.

Atunazos./ The massive tunas.

Mejor no hagamos analogías./ Lets not make analogies…
Me encantó la arquitectura, el hormigón visto por doquier, pero de repente un restaurancillo de madera con cortinas a modo de puerta. En uno de esos chiringuitos comí unos soba de escándalo.
Todo en la ciudad estaba muy limpio, y los retretes, aunque feísimos, te lavan el culo estupendamente sin levantarte del sitio, y ahora los echo de menos. Ya sabemos que los japoneses tienen el culo limpio.
Fue fascinante ver los escaparates de los restaurantes con su exhibición de platos de plástico, tan bien hechos que a veces había que acercarse para ver si eran preparaciones reales o no. Quise ir a una tienda en la que los venden, para hacerme con un montón de réplicas de esas y hacer una exposición kitsch, pero no me dio tiempo, qué pena.

Uno de los muchos escaparates llenos de modelos de los platos en plástico, a la entrada de un restaurante./ One of the many displays of the dishes in plastic, at the entrance to a restaurant.

Colegialas./ Schoolgirls.
Seguro que me dejo mil cosas en el tintero, pero otra vez será. Vuelo a Los Madriles esta misma noche: diecisiete horas de aeropuertos y aviones, si es que milagrosamente no hay retrasos, y si no más. La pereza que me da el viajecito es indescriptible.
FIN DEL VIAJE.
Gara.
Thailand.
Mayo 10, 2009
I have only done some of the southern islands, so my judgement of Thailand will be biased, but there we go- there’s no time, in four weeks, to see such a big country, and one has to choose. I wanted an easy life of beach and comfort after these months, and the islands had all the necessary elements to work as a bridge between Asia and the West before returning to Europe.

From the boat./ Desde el barco.
The nature in them doesn’t disappoint- they do look like a scene taken out of a holiday postcard, with the turquoise sea and the bright green jungle, but the tourist industry is so much in your face that one feels that this country has embraced the American way of life to an extent that leaves no room for authenticity anymore. I thought of India many times, with all its drawbacks, but also with that preservation of its identity through their stubborn nationalistic mentality, and I have missed this: the lack of all the chains you see in Europe, the Starbucks on every corner, the big air- conditioned malls, the fish & chips everywhere.
And it also hurts to see how the mass tourism results in the destruction of these paradise islands, with a cheap, sprawling architecture that destroys the landscape. Koh Phi Phi, for instance, with all its natural beauty, has been forever destroyed by its capital, and not even after the tsunami they decided to implement a better plan of urban development, and only the North of the island seems to be free of the chaos, for now.

Beautiful Railay./ Maravilloso Railay.

In Phi Phi I did some scuba diving, and marveled at the beautiful fauna and at the endless coral reefs of impossible colours, and I loved to be down there surrounded by silence, only swimming and watching, and hearing just my own breathing. If only because of this, the silence, it has to be my habitat…
There is another big problem with the islands in Thailand, and it’s that they have for long been regarded by tourists as the perfect party place. The Thais have eagerly made the most out of this very profitable business, and music is played out loud at the otherwise marvelous beaches, and at dawn the white extensions are covered in litter. These are the same tourists who like to take their homes in their luggage, and just do the same stupid stuff they do at home, but abroad: the same music, the same food, the football matches on TV, but all seasoned with a bit of Thai massage and a few chillies.
My biggest disappointment has been the food. It’s not even a scratch on India, and while everybody spoke of Thailand as the Mecca of food in the East, my impression so far is quite another- if having an overload of chilli on every dish is what people understand by good, refined gastronomy, then I’m out. Take the chilli away, and you are left with hardly anything; not even the fish is properly grilled (always overcooked and over-seasoned). It has been one disappointment after the other, and I keep picturing a Thai food lover who, on a gastronomic tour around France, Italy or Spain (sorry, still the three true food Meccas), would find everything utterly bland because the flavours would be just too subtle. But, you know, it’s not politically correct either to say these things.
OK, I’ll stop, I’m getting carried away.

God Penis./ Dios Falo.

Anyway, one week to go back home, and not so long until the day when I will have to face the challenge of looking for a job and a flat again- I don’t even want to think about it. Anyone out there with interesting offers, please let me know.
I’m going to Tokyo for a few days, before going back. Now, that should balance the disappointment with Thai food. More on that later.
Gara.