El músico físico.
mayo 19, 2009

Vuelvo a Madrid para enterarme nada más ser recogida del aeropuerto de que se ha muerto Antonio Vega.
El que haya sido una muerte anunciada no merma el sentido de pérdida. Y me da casi rabia estar escribiendo sobre él, porque parece inevitable caer en todos los tópicos sobre su persona. Pero lo haré igualmente, intentando sortearlos.
Lo he escuchado mucho siempre, y lo escuché muchísimo durante mis viajes, porque me llevaba a una zona bien conocida donde me sentía reconfortada y segura. Me daba muchísima rabia que siempre que se hablaba de él se hablara de La Movida, como si no hubiera habido nada más en su existencia, o que la gente simplificara tantísimo y utilizara la palabra yonki para referirse a él, por mucho que lo fuera. No quiero casi ni hablar de sus canciones, que fueron buenas desde la época de Nacha Pop, mucho más ochentera y festiva que la que yo siempre preferí: la del Antonio en solitario, más hondo y más oscuro, y con sus permanentes alusiones a la ciencia en sus letras, que es el elemento que me parece más particular de su obra y creo que el que más me gusta.
La gente de mi generación lo conocía más bien poco, pero yo siempre he tenido querencia por grupos o cantantes muy anteriores a mí, y a Antonio llegué a través de mis tíos, que eran adolescentes cuando yo era un comino, y nos grabaron a mi hermana y a mí una cinta mítica en la que estaba Nacha Pop junto a grupos como Los Pistones o Rubi y los Casinos.
Parezco una vieja ya, con estas batallitas.
Me parece maravilloso poder seguir disfrutando de sus canciones. Qué más puedo decir.