Conviene educar.
febrero 20, 2010
Sé que es un tema recurrente en las páginas de este blog, pero voy una vez más a hablar de educación y del comportamiento de los niños y los padres de hoy. La última vez que lo hice, lo acabo de comprobar, fue en noviembre (Los nuevos padres), así que tanto no os estoy dando la tabarra.
Todos estaremos de acuerdo en que los modales sirven para hacernos la vida más llevadera y poner cortapisas a subidas de tono o actitudes incómodas en determinados lugares, etc. De todos los ámbitos en los que se aplican, en el que más me molesta su carencia, con aplastante diferencia, es en la mesa. Hoy en día, simplemente, ya casi no existen porque no se educa en ellos. Consolas, maquinitas, lo que sea sirve para que los niños no parezcan estar siquiera comiendo con los demás, puesto que les está permitido el llevar a la mesa estos absorbentes artilugios. No sólo eso, sino que ya no se educa en modales básicos. El no compartir alimentos, o el no preguntar si alguien quiere el último trozo de tarta, sino por el contrario el lanzarse a ellos con voracidad no sea que alguien se lo quite, está a la orden del día. No se pregunta más si alguien quiere la última croqueta, pero es que si los padres son los primeros en renunciar a ella para dársela a sus hijos, obviamente crecerán creyéndose el centro supremo del mundo, y entonces para qué demonios preguntar.
Lo de la mesa es un ejemplo, pero hay muchos más. No creo que incurra en falta de objetividad si digo que la generación de los niños de ahora será una generación más egoísta, y en consecuencia más tendente a la tiranía, que las anteriores. La semana pasada se publicó una noticia en un periódico inglés en la que se contaba el caso de un niño al que un profesor había recriminado por no ponerse en pie al entrar el director del colegio en cuestión en la clase. Se le envió una carta a los padres advirtiendo de la conducta del hijo, y el padre del mastuerzo se plantó en el colegio para decir que en todo caso sería el director el que debiera ponerse en pie ante su hijo, y no al contrario. Me parece espeluznante que un padre pueda tener esa idea de lo que es educar, o de la clase de trato que merece un hijo suyo.
Otro cambio respecto de cómo se hacían las cosas hace unas décadas en lo que a tener hijos respecta, es que parece ser que la primera consecuencia es que una vez esto ocurre los retoños son el único tema de conversación posible. Esto sucede incluso en ámbitos en los que los padres son personas educadas y con intereses variados, con los que se podía, antes de que su vástago llegara al mundo, mantener una conversación interesante.
En un grupo de amigos y conocidos con los que suelo reunirme una vez a la semana para tomar algo, hay un cirujano bastante reputado del que todo el mundo trata de huir, urdiendo innumerables tretas para no sentarse a su lado, porque inmediatamente se dedica a monologar sin fin acerca de sus hijas, sin hacer alusión jamás a ningún otro tema de conversación. Preferiría con mucho que me hablara de operaciones a corazón abierto en lugar de bombardearme con detalles sobre la vida de unas personas que ni siquiera conozco, la verdad, pero no hay manera.
Por supuesto que el tener un hijo es una experiencia que te cambia la vida, y es normal querer hablar de ello. Lo que es anormal, sin embargo, es que de pronto todos los intereses anteriores desaparezcan como por arte de magia. No hay situación más aburrida y más incómoda que el ser invitado a un evento en el que todos los asistentes tienen hijos y están ansiosos de hablar de ellos a la primera de cambio, y absolutamente todas las conversaciones que tienen lugar giran entorno a ellos. Hace poco me contaba un amigo (soltero y sin hijos) que en una de estas reuniones en las que tanto los padres como sus niños estaban invitados, se le acercó un tipo cuya primera pregunta fue: “¿Cuál es el tuyo?”, y al contestar él “Ninguno”, el otro se quedó paralizado. “¡Dios mío!, ¿de qué hablar con este tipo, entonces?”, sería el pensamiento, supongo, que le provocó la tan inesperada respuesta. Qué cosa tan absurda.
Conclusión: francamente, últimamente evito asistir a reuniones en las que sé que va a haber sólo padres con niños. De este modo me evito el estar forzada a presenciar enervantes faltas de educación, además de tener que actuar de receptora de un monólogo que no me interesa. Me interesan muchísimo los niños, pero esta obsesión por ellos hace que ni ellos ni sus padres me resulten atractivos o me inspiren el deseo de mantener una conversación.


febrero 21, 2010 a las 6:54 pm
Ese padre de la historia del profe y el director es un pirao: aparte de todo lo que dices, ¿cómo demonios se va a poner de pie un tío que acaba de entrar en un sitio? ¿Acaso había entrado a gatas?
febrero 21, 2010 a las 10:08 pm
Hombre, no lo tomes de manera literal. El pirao, como tú lo llamas (aunque en realidad no es más que un espécimen muy común de esta raza nuestra), no se refería a que el director tendría que haberse en pie ante su hijo en ese determinado momento, sino que metafóricamente es como debería ser la cosa, de ser justa.
Locura colectiva, se le llama a esto.
Un beso.
febrero 22, 2010 a las 2:16 pm
Yep I’m with Barbara – don’t see how it’s physically possible. In fact I even consulted the children about it just this morning when they looked up from their X-Box. Which reminds me, you’ll never guess what one of them said the other day blah blah etc etc…
febrero 22, 2010 a las 9:50 pm
Oh, I bet I could guess, ’cause of course they must be remarkably intelligent and clever, and all the rest, given the fact that they happen to be your children.
Ah, perception! What a misleading thing…
Xx.
febrero 24, 2010 a las 7:28 pm
En el plano individual, desde mi punto de vista, el egoista al que haces referencia nace no se hace. Entre hermanos con experiencias y educación recibida casi idénticas, unos se entregan a causas desinteresadas sin aspaviento alguno y por el contrario otros su ausencia de generosidad es lamentable, grotesca e incluso obscena. Por lo tanto, ahí hay un factor genético fuera de control bastante evidente. La belleza interior ,como la exterior, viene “de fábrica”. La educación puede disimular algo, pero no demasiado. La madera de roble siempre será de roble, y la de euclipto idem. Como dice el dicho “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Sobrevaloras excesivamente la educación. En cuanto a la parte colectiva, pienso que el egoismo del que hacen gala las sociedades del “primer mundo” está más basado en el super desarrollo económico-tecnológico que en aspectos derivados de una inadecuada educación. Esta hipertrofia económico-tecnológica lo complica todo una pasada. Los trabajos son ahora infinitamente más exigentes que antes. Hay que estar doctorado hasta para ser barrendero. La competencia es brutal. Los padres llegan a casa extenuados después de una jornada rebosante de estrés. El niño luego de un largo día lectivo, ha ido a actividades extraescolares de piano y alemán. Y encima, al llegar a casa tiene que hacer los deberes. Con este panorama ¿quien se preocupa de los modales? Las energías, dan para lo que dan.
Besos
febrero 25, 2010 a las 6:20 pm
De acuerdo con lo de las energías, y en profundo desacuerdo con lo primero que aseveras, que me parece una auténtica barbaridad: uno no nace hijo de puta, a no ser (y raros son los casos) que haya en el cerebro una predisposición a cierto tipo de desequilibrio, locura, etc. Las experiencias y el entorno en el que crecemos, especialmente durante los primeros años de vida de una persona, son absolutamente determinantes en la configuración psicológica del individuo en cuestión, hasta el punto de poder crear traumas emocionales que no se superarán sin ayuda profesional una vez la persona sea adulta.
Besos,
Gara.
febrero 25, 2010 a las 6:26 pm
¿Es que ser hijoputa es un desequilibrio?
Por cierto, que no se queje el profe que se podía haber llevado dos hostias del padre y luego otras dos del hijo.
febrero 25, 2010 a las 8:04 pm
Gara, yo no he dicho que uno nazca hijo de puta, sino con una predisposición hacia un tipo de relación con los demás que no hay educación que lo cambie ¿haces responsable de un hijo puta a sus padres, gente entregada y buenas personas? Todos hemos conocido, o conocemos, malas personas cuyo maldad al conocer a su entorno más próximo, te desconcierta por inexplicable.
febrero 26, 2010 a las 12:40 am
Efectivamente, Perales, en esas estamos: en agradecer que al menos al profesor no le hayan pegado un navajazo en plena yugular.
febrero 26, 2010 a las 12:41 am
Desconcierta porque parece inexplicable, pero el hecho es que a menudo lo es.
febrero 26, 2010 a las 5:34 pm
Tu última frase parece de una canción de Bob Dylan. Es un piropo, por supuesto.
Yo también creo que nacemos con unas tendencias bastante marcadas. Precisamente para eso es la educación.
marzo 4, 2010 a las 5:26 pm
¡Ay, el eterno debate nature/ nurture! Me rodea, últimamente.
Yo no lo tengo nada claro, pero tiendo a creer en el conductismo más que en la impronta genética. Me estoy leyendo un libro sobre ese tema ahora mismo, me interesa muchísimo.
No ha logrado Alice aún adelantar a éste, que acabo de empezarme… ;)
Más besos,
G.
marzo 21, 2010 a las 11:03 pm
Te confieso que en una cena que tuve en Diciembre me lancé a por el último trozo de tarta sin preguntar a nadie ni hostias. Aún me sonrojo recordándolo. Pero lo peor es que lo volvería a hacer.
Pd: No fui yo, señoría. Fueron mis cándidas, pobretas…
julio 21, 2010 a las 9:50 pm
No puedo estar más de acuerdo Gara.
julio 21, 2010 a las 11:08 pm
Gracias, Elena. Lo malo es que ahora estamos de lleno en la edad en que o te unes a sus circunstancias, o sales despavorido…
Bs.